AMOR Y AUTOESTIMA / Michel Esparza RESUMEN por Adriana Upegui

Te cuento que he culminado la lectura del libro amor y autoestima de Michel Esparza de editorial Patmos, me gusto mucho este libro, hace una reflexión desde el punto de vista moral sobre la autoestima, la humildad y el amor y brinda las bases para incrementar cada una de estas, potenciando nuestra relación con los demás, con nosotros mismos y en especial con nuestros cónyuges en el matrimonio, me leí dos veces este libro, me sirvió muchísimo.

Autoestima y humildad

– Conviene prevenir y combatir los complejos de inferioridad pero nunca en detrimento de la realidad, haciendo creer a niños y jóvenes que son mejores de lo que son. Conviene hablar de autoestima con fórmulas que ayuden a asumir toda la verdad de uno mismo, lo positivo y lo negativo.

– Humildad y autoestima están intrínsecamente relacionadas, aunque son conceptos diferentes. Mientras la humildad es una virtud moral, la autoestima proviene del ámbito de la psicología, está apela a un sentimientos positivo sobre uno mismo. La humildad sin embargo, es mucho más que un estado de ánimo, implica una profunda aceptación de la verdad interior, en lo bueno y en lo malo, y cimienta también la conciencia de una dignidad. La humildad nos enseña a cultivar una sana relación con nosotros mismos, asumiendo pacíficamente la realidad de nuestra miseria.
Por otro lado el orgullo nos aleja de la verdad, impidiéndonos reconocer nuestras limitaciones, cuando no reconocemos nuestros defectos, tenemos básicamente dos alternativas: una por defecto, consiste simplemente en hacernos creer que no tenemos carencias, esta soberbia clásica conlleva un optimismo ingenuo condenado a darse de bruces con la realidad. La otra actitud, por exceso, nos lleva a exagerar nuestras flaquezas. Se trata de una soberbia invertida, que entraña un pesimismo radical y puede alimentar una auto-compasión nociva para la salud psíquica.

– La autentica humildad es el mejor antídoto contra el complejo de inferioridad.

– Ademas de competitivo el orgullo es cegador: pone gafas que distorsionan la realidad. Y si falta autocrítica cualquier avance se hace tortuoso.

– Cuando el niño llega al uso de razón, se percata de su propia indigencia y se acoge al parecer de sus padres para saber lo que vale. Algo mas tarde, con la pubertad, comienza un periodo difícil pero necesario, el de la búsqueda de una identidad con independencia de la opinión de los padres. En los dos casos, entre los seis y doce años, la receptividad con los padres y educadores es plena. Es el mejor momento para sembrar. En la adolescencia, en rasgos generales, de los trece a los veinte años es distintiva la pérdida progresiva de la receptividad del niño y se refleja en la formación de juicios propios al margen de la opinión de los padres y educadores, es el momento de ayudar a los hijos a construir un proyecto de vida propio respetando su libertad, acompañándolos de cerca pero fomentando su legítima independencia. De modo progresivo, la relación de autoridad debería dejar paso a una relación de amistad y confianza. En la adolescencia los interlocutores relevantes pasan a ser los amigos y la persona de la que uno se enamora. El adolescente se da cuenta de que tiene que saber por si mismo lo que vale, pero no lo suele lograr y para valorarse sigue dependiendo del juicio de quienes mas admira

Amor y humildad

– El amor entre hombre y mujer tiene una gran capacidad de satisfacer nuestra hambre de estima. Por eso, con ocasión del primer éxito amoroso, suelen desaparecer bastantes problemas de inseguridad. Sucede a menudo que quienes durante su adolescencia tuvieron desvaríos de autoestima se curen de golpe cuando se enamoran y se ven correspondidos.

– Solo el amor de Dios puede colmar plenamente la necesidad de estima, pero eso no quita que también el amor de nuestros semejantes nos ayude a cimentar la autoestima. Al fin y al cabo, todo amor humano es reflejo del amor Divino, y ese reflejo se intensifica a medida que aumenta la calidad de ese amor humano. El amor humano solo se esclarece y adquiere su sentido y pleno significado en el amor divino.

– Cuanto mas perfecto es el amor mas felicidad procura. En el amor de calidad, lo esencial no es gozar, sino compartir, y quien comparte goza más. El egoísta busca poseer y siempre está insatisfecho. En cambio, quien no busca el propio provecho sino el bien de la persona que ama, experimenta un inesperado gozo cada vez que lo logra.

– Amar conlleva poner todo lo propio en manos de alguien querido en quien confiamos plenamente. El amor se asienta sobre una base de mutua confianza y culmina, a través de la entrega recíproca, con la unión entre los amantes.

– En una buena relación de amor no hay secretos . En cambio cuando desaparecen las confidencias, la relación se paraliza. Fe y fidelidad van de la mano. Tener fe en una persona significa confiar en que nos será fiel. Y, como decía Thibon: el hombre que no es capaz de fe, no es capaz de fidelidad.

– Sin humildad no hay veracidad, ni hacia uno mismo ni hacia los demás. Son pocos los que se atreven a manifestar la verdad de modo total, sin atenuar ni retocar nada, sin ningún tipo de arreglo mas o menos fraudulento. Lo ideal seria que no hubiera diferencia entre como somos realmente, como creemos que somos y como nos manifestamos ante los demás. Quien oculta su debilidad, suele ponerse a la defensiva cuando salen a relucir sus flaquezas.

– La careta de la mentira solo desaparece ante quien nos quiere de verdad. Solo entonces nos comportamos de modo espontáneo. Sin duda, si conociéramos a fondo el Amor de Dios desde nuestra infancia y viviéramos de continuo en su presencia, no haríamos tanta comedia a lo largo de nuestra vida.

– Si el amor es entendido como un mero sentimiento, tarde o temprano se concluirá que no se ama.

– Para que el amor sea estable y duradero, es preciso pasar del amor como atracción al amor como donación, pues nada une tanto a dos personas como la voluntad recíproca de querer el bien para el otro. En el amor maduro desaparecen las razones egocéntricas y se hace hincapié en las posibilidades de aportar felicidad.

– El amor es comparable a un avión con dos motores: un motor principal la voluntad) y un motor auxiliar (la pasión). El motor auxiliar se puede apagar aunque no queramos, por enfermedad o cansancio; pero el motor principal no se apaga sin nuestro consentimiento. Si falta el motor de la voluntad, observa Thibon, basta la menor prueba física o moral para sumergir en su soledad esencial a los enamorados que sólo están unidos por la carne o por el sueño.

– La verdad del amor tiene que ver con obras y con intenciones: amamos de verdad si somos movidos por intenciones rectas y si las obras avalan nuestro amor. Y amamos en libertad si evitamos la rigidez interior y si no coaccionamos a la persona amada. La perfección del amor consta, pues de dos cualidades visibles, la capacidad de sacrificio y el respeto de la libertad ajena, y de dos cualidades invisibles, la rectitud de intención y la libertad interior.

– Los autosuficientes saben dar pero no recibir. En el fondo, su generosidad tiene algo de vanidad. El arte de amar requiere generosidad a la hora de dar y humildad a la hora de recibir.

– El mejor de los amores se da entre personas maduras que se quieren con locura. Son saludablemente independientes porque han superado de modo estable los problemas de autoestima, y son amorosamente dependientes porque solo quieren hacer feliz al otro. Así, en el matrimonio ideal, los esposos que logran conciliar esa madurez humana y esa generosidad afectiva, pueden decirse uno a otro: En cierto sentido, no me importa lo que pienses de mi y en otro sentido, me consume el deseo de hacerte feliz.

– La persona ideal es al vez sensible y fuerte. En su relación con los demás, tiene la bondad de decir que si, sin que le falte personalidad para decir tranquilamente que no. La madurez conjuga estos dos aspectos y eso la hace atractiva. Por este motivo admiramos a esas personas a quienes su cariño les hace ser vulnerables pero su sentido de dignidad les hace ser fuertes. Son capaces de asumir gustosamente los lazos que crea el amor, a la vez que su humilde autoestima les permite conservar una sana independencia.

– En una persona madura, corazón y voluntad se apoyan mutuamente. Ante todo amar es querer el bien del otro. El amor reside en la voluntad, pero cuando el corazón ayuda, la entrega va sobre ruedas, En el caso contrario, cuando el afecto es reticente y la donación se hace ardua, el motor de la voluntad pone lo que falta para lograr un sacrificio gustoso, aunque sea sin ganas. Aunque el corazón esté fisiológicamente frío, la voluntad inflama el corazón. La perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al bien solo por su voluntad, sino también por su corazón. La bondad debe ir impregnando la inteligencia, la voluntad y el corazón.

– A primera vista, la persona insensible parece más fuerte, pero, a la larga, es menos perseverante en la adversidad. Es llamativa, en cambio, la capacidad de abnegación de quienes tienen un gran corazón. Sucumben quizá superficialmente ante las pequeñas contradicciones, pero ante el gran dolor muestran la mayor entereza. Lo vemos especialmente en las mujeres. Son capaces, mientras se sienten queridas, de los mayores sacrificios. Dadle amor a una mujer y no habrá nada que ella no haga, sufra o arriesgue, sentencia Wilkie Collins.

El voluntarismo

-El fenómeno del voluntarismo consiste en pensar que todo se consigue a fuerza de empeño, despreciando los recursos afectivos y las razones que aporta el intelecto. En la vida cristiana, ademas, esa ponderación excesiva de la voluntad conduce a dejar en segundo plano los recursos sobrenaturales, como la inestimable ayuda de la gracia.

– El voluntarismo no es solo un problema de recursos. Es también un problema de orgullo que afecta a la calidad del amor, en la medida en que casa muy poco con la libertad interior y la rectitud de intención.

– Amar solo a base de voluntad es posible, pero acaba cansando, desmotivando, vaciando de sentido el amor mismo. Estamos hechos para amar mucho y amar bien.

– Es preferible hacer el bien por mero sentido del deber que no hacerlo, pero es más perfecto y más fácil, sacrificarse para contribuir a la felicidad del as personas queridas. Todo gran ideal, y el amor lo es, requiere un gran esfuerzo, a veces heroico. Lo mismo sucede con la lucha cristiana por la santidad. Todos los santos han vivido las virtudes en grado heroico, pero saben que la santidad, como perfección de amor, no es lo mismo que la heroicidad. Todo santo es heroico, pero no todo héroe es santo. Tanto el santo como el héroe realizan proezas, pero la motivación del héroe no está exenta de amor propio.

Aprender a comunicar

– No es suficiente con que los esposos se amen, es necesario también que se entiendan.

– La decepción amorosa suele ser más aguda en las mujeres , por idealismo o por mayor constancia en el afecto. Se diría que están mas inclinadas naturalmente a centrarse en lo verdaderamente importante, que es dar y recibir amor. Ahí radica su fuente de autoestima mas decisiva.

– Por lo general a un varón le basta con saberse querido, mientras que la mujer necesita sentirse querida.

– Se evitarían no pocos conflictos matrimoniales si las mujeres especialmente sensibles aprendiesen a dar más importancia al saber que al sentir, y s i los maridos especialmente viriles se esforzasen mas por expresar lo que sienten.

– Nada hace tanto daÑo a los esposos como la desconfianza en el amor del otro.

– Si no son capaces de meterse en la piel del otro, ambos se sentirán injustamente tratados.

Querer, saber y poder

– Un matrimonio entre personas idóneas solo puede fracasar por falta de voluntad o por ignorancia, y ambas tienen solución.

– Para poder ser feliz después de asumir un compromiso irrevocable, es preciso progresar en la calidad del amor. En otras palabras, hacer falta perseverar en el esfuerzo, adquirir la formación necesaria y tener una buena salud psíquica.

– En una crisis matrimonial siempre hay algo de ignorancia. Son raros los casos en los que todo es incapacidad o mala voluntad.

La humildad no consiste en infravalorarse

– La humildad es la virtud que asegura una visión positiva y realista hacia uno mismo.

– Quizás por ser la humildad lo contrario de la soberbia, hay quienes piensan equivocadamente que conviene fomentar a toda costa una baja autoestima. Este error lleva a confundir la verdadera humildad, que arranca del conocimiento propio, con la mala opinión sobre uno mismo.

– La humildad implica una buena relación con uno mismo, que impide, en el plano personal, tanto exagerar las propias virtudes como agrandar los defectos, y en su proyección a los demás, contribuye a evitar tanto la arrogancia como la falsa modestia. El orgullo se refiere mas a nuestra opinión sobre nosotros mismos, la arrogancia, a lo que deseamos que los demás piensen de nosotros.

– Ya en el plano moral, todos, aunque en diversa medida, encontramos dificultades a la hora de juzgarnos con sobriedad. Aquí el juego de extremos lleva a distinguir dos tipos de orgullos: engreimiento y autorrechazo. Ambos esconden una misma falta de humilde autoestima.

– En la practica, la piedra de toque de la verdadera humildad esta en ese espontáneo olvido de uno mismo que tanto facilita la entrega desinteresada a los demás.

– No se trata, ni de decir que uno no vale nada ni de defender con empecinamiento que ale mucho. Consiste sencillamente en despreocuparse de la estima propia o ajena. Es contradictorio afirmar que uno es humilde, y paralelamente, empeñarse en demostrarlo.

– En el drama del autoengaño, lo primero que se pierde es la conciencia y después la cabeza, el entendimiento.

– La correcta comprensión de la humildad cristiana es importante para el desarrollo equilibrado de la personalidad, en cuanto que ayuda a evitar el autoengaño y favorece la paz interior y el olvido de si. Es además una fuente de madurez y de libertad interior que enriquece la identidad personal.

– Es verdad que Jesucristo nos pide que nos neguemos a nosotros mismos, pero ese morir a uno mismo, entendido correctamente, no implica la pérdida de la personalidad. Al contrario, el buen cristiano se encuentra a si mismo en Dios por que se sabe amado por El tal como es. De ahí arranca la humilde autoestima que le permite morir a si mismo, en el sentido de morir a su orgullo. Y esa conciencia de su dignidad le capacita para entregarse a los demás con gran libertad interior.

– El amante ideal, se olvida de si mismo para contribuir a la felicidad e la persona amada. Desde esta perspectiva encuentra todo el sentido el morir a uno mismo por amor. Se trata de enterrar el propio egoísmo para entregar el yo, inmolarlo, pero no suicidarlo.

Dios te bendiga

Adriana Upegui
Civitas Orationis
www.ciudadoracion.com

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