El hombre no nace bueno

EL HOMBRE NO NACE BUENO

Leo J. Mart.

Se equivocó Rousseau, y con esto demuestra su gran ignorancia de la naturaleza humana, al decir: < El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe > Jean-Jacques Rousseau-Contrato social. Muy ingenuo nos parece el pensador.

El hombre nace malo, nace en pecado, en pecado original, que lo hace enemigo de Dios e indigno de sus bienes. El bautismo borra el pecado original; pero no borra las taras, consecuencias del pecado.

Yéndonos a extremos – aunque la virtud está en el medio-, sería más acorde con la realidad decir, que: El hombre nace malo y la sociedad lo acaba de corromper. Cervantes, en una de sus novelas ejemplares –nada ejemplares por cierto -, en la Gitanilla, dice de los gitanos:< Nacen entre ladrones, se educan para ladrones, y acaban por ser ladrones.> Parodiando a Cervantes, podríamos decir de los jóvenes de ahora, y los de antaño: < Nacen entre corruptos, se educan entre corruptos y terminan por ser corruptos>.

El hombre, nace, con el chasis torcido, con tendencias buenas y con tendencias malas. El hombre nace –enseña la Iglesia católica- con el fomes peccati (inclinación al mal).

Lutero, admitió la inclinación del hombre al mal; pero también se fue al otro extremo y dijo que <la inclinación al mal era irreversible> Esta afirmación fue rechazada por el Concilio de Trento (Sesión VI del 13 de enero de 1547) y enseña que el pecado original nos dejó una tendencia al mal, una concupiscencia; pero esta no destrozó la libertad humana y por lo tanto la responsabilidad.

Dios hace al hombre libre, con la posibilidad de escoger entre el bien y el mal. La Escritura santa dice: < Ante el hombre está el bien y el mal; lo que escogiere eso se le dará>.

Volviendo a Rousseau, se ve que no observó la conducta cruel de muchos de los bebés. El papel del filósofo es observar detenidamente –contemplar-, y de ahí sacar conclusiones valederas. El bebe llora, porque ciertamente es la única forma que tiene de expresarse; pero no siempre lo hace para expresar una necesidad; también llora para expresar una rebeldía y una inconformidad, que no debe tolerarse por parte de sus padres.
Desde la edad temprana el niño aprende la forma de manipular a sus padres y esto no debe tolerarse; dejar que llore cuando su lloro es rebeldía, es la mejor forma de educar al niño; y hay bebes que la única palabra que aprenden a decir es <no>; es la forma de expresar la tara de rebeldía – heredada, por supuesto, de sus padres –

El Apóstol Juan nos habla de tres concupiscencias, y enseñará en su primera Carta, Juan 2,16-17 que: < Todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida, no viene de Dios, sino del mundo >.

El hombre nace malo, en pecado original; pero no se queda malo porque Cristo vino a salvarlo de las taras del pecado y de sus funestas consecuencias: el repudio de su Padre Dios. No somos responsables del lugar donde nacemos; pero sí somos responsables del lugar donde vivimos y morimos. Aquí <lugar> no se refiere a un sitio en el espacio, sino a un sitio en la mente, nos referimos a la forma de ser, luchar y actuar.

Tienes dentro de ti (tenemos) el germen de la maldad: la carne que tira abajo, los ojos que todo lo quieren poseer (el consumismo) y la rebeldía y la soberbia, que a ninguna ley se quiere someter, pero < Donde abundó el pecado sobre abundó la gracias> Pablo, Romanos 5,20 El Rey David nos dice: < Ánimo, sé fuerte, confía en el Señor > Salmo 27,14 Dios puede cambiarte.

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