En busca de Papá

EN BUSCA DE PAPÁ

Noviembre 05 de 2004

¡Qué bueno tener un papá, que me dé gusto en mis gustos y me lleve todos mis caprichos!

Te cuento que yo lo tengo y te llevarías gran sorpresa cuando sepas que es: ¡el mismo papá tuyo!

Tengo un papá, mi Padre Dios, que todo lo hizo y lo sigue haciendo, para que yo sea feliz.

Tengo un Padre Dios que me da la añadidura, cuando yo me dedico a trabajar en las cosas de Él: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Esa es la primera condición para que puedas recibir, comprometerte seriamente en “las cosas que miran al servicio de Mi Padre”.

Miro con tristeza a los pobrecitos hombres de la tierra que se dedican a buscar la añadidura y no consiguen nada, porque no ponen en primer lugar la causa de Dios, ¡Con todo el corazón, con toda el alma!

El Padre Dios da al que se le da, y lo hace a su estilo: con magnanimidad y abundancia; pero como Dios no sabe dar a medias, no acepta entrega a medias. Él a los tibios los vomita de su boca.

Tengo, tienes, un Padre que siempre está pensando en ti; su gran dolor es no encontrar corazones dispuestos a recibir porque no se saben dar. Por eso Él nos dice: “Dame, hijo mío, tu corazón y pon tus ojos en mi camino”.

Fíjate para quien multiplicó Jesús los panes y los peces: para aquellos que por tres días lo escuchaban, y comida sobró en abundancia. Siempre habrá abundancia en la casa de aquel que escucha a Dios. Dios es el único que paga a los que le escuchan.

Fíjate para quienes convirtió Jesús el agua en vino, para aquellos que lo invitaron a su casa. Si en tu casa falta algo, ya lo sabes, invita a Jesús como huésped permanente de tu hogar. Y no te olvides quien fue la primera en darse cuenta que no tenían vino: la Madre de Dios, María Santísima.

Tienes un Padre Omnipotente, que a cada instante tiene necesariamente que estar pensando en ti. Si Dios no pensase en ti volverías a nada, porque su mirada es eternamente creadora.

Conocemos parte de lo que Dios ha hecho; pero no conocemos lo que luego creará: “He aquí que Yo hago nuevo todo”.

Tienes un Padre que trabaja para ti: “Dios no deja nunca de trabajar”. El gran dolor del Padre es crear tanta belleza y que sus hijos no gocen de ella; crear tanta riqueza y que sus hijos vivan ausentes de Él.

Tienes un Padre Dios que está a tu lado, llamando siempre sin cesar: “He aquí que estoy a la puerta y llamo, y al que abra, entraremos en él y haremos morada dentro de él”.

¡Vamos!. Escucha la llamada de tu Padre Dios que está a la puerta de tu casa, abre tu corazón a Dios sin ningún temor, déjalo entrar y, que sea Dios quien habite permanentemente en ti. Así nunca tendrás motivos para sentirte solo, ni para abrigar ningún temor.

Dile al triste, que se alegre, porque es hijo de Dios. Dile al que se siente solo que tiene compañía, porque es hijo de Dios. Dile al que se siente fracasado, que ha vencido, porque: “¡Todo es para bien de los que aman al Señor!”, que “Dios saca cosas buenas de las cosas malas”