ENTREVISTA A JESÚS DE NAZARET Leo J. Mart.

EL PLACER DE LOS SOLDADOS

– Jesús, Hijo de Dios vivo, te pido que me sigas contando qué pasó después que Pilato te entregó a los judíos.

– Los soldados Me desnudaron, Me pusieron una túnica roja encima de Mis carnes destrozadas (Cf. Mt 27, 27)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, no entiendo la crueldad de los soldados, con un hombre condenado a muerte, si ya sabían que te iban a matar, ¿por qué hacerte sufrir más?

– Era la costumbre de la época, al condenado a muerte no le ahorraban ningún dolor ni humillación.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ya se aplicaba el dicho popular: “al caído, caerle”

– Yo estaba en poder de los hombres y los hombres en poder de Satanás, ¡no podía esperar de ellos nada bueno!

– Jesús, Hijo de Dios vivo, me parece que en esos momentos viviste un infierno.

– Si eso hace Satanás aquí en la tierra, ¿te imaginas cómo será lo que hacen los demonios con las personas que están en su poder en el infierno?

– Jesús, Hijo de Dios vivo, te pido que me sigas contando.

– Me pusieron en la cabeza un royo de alambre con clavos muy puntudos, como espinas de hierro (Cf. Mt 27, 29)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿te pusieron esto simplemente encima de la cabeza?

– No fue encima simplemente, Me clavaron la corona de espinas en la cabeza.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿Tú siendo Rey, te dejaste poner una corona de burla?

– Los reyes de la tierra se ponen una corona de oro en su cabeza; Yo Me burlé de los reyes de la tierra, dejándome poner una corona de chuzos.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¡tremendo!

– Y en Mi mano derecha Me pusieron una caña de loco, en lugar de un báculo de oro.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿qué te decían los soldados?

– Los soldados se arrodillaban ante Mí y se burlaban diciéndome: “¡Salve, rey de los judíos!” (Cf. Mt 27, 29)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, cuando yo me arrodillo ante tu altar, me acuerdo de esto y procuro rendirte reverencia y arrodillarme reverentemente.

– Todavía hay despistados que se arrodillan irreverentemente ante Mi presencia eucarística, como lo hicieron los soldados.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿para que sirvió la caña?

– Para que Me pegaran con ella en la cabeza (Cf. Mt 27, 30)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, a veces veo en mi mente tu Rostro lleno de lágrimas.

– No son lágrimas, son las escupas que Me echaron en Mi Santo Rostro, porque los soldados no paraban de escupirme (Cf. Mt 27, 30)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿qué pasó con la túnica roja?

– Antes de llevarme a crucificar, Me quitaron la túnica roja que ya se había pegado a Mis huesos ensangrentados, y Me pusieron nuevamente Mis vestidos (Cf. Mt 27, 31)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, hasta para ir a la muerte te hiciste poner tus vestidos elegantes.

– ¡Hasta para ir a la muerte hay que ir con la dignidad de un Hijo de Dios!

LA VÍA DE LA MUERTE

– En el camino encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le forzaron a que Me ayudara a llevar Mi Cruz (Cf. Mt 27, 32)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¡qué afortunado fue Simón, que te ayudó a llevar la Cruz!

– Hijo, cada vez que te ves forzado a enfrentarte ante el dolor, Me ayudas a llevar Mi Cruz.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿Tenemos que enfrentarnos ante el dolor, solamente cuando somos forzados?

– No te des gustos, vence tu cuerpo, y así enfrentarás el dolor cuando las circunstancias así lo exijan.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, quisiera ser tu cirineo, para ayudarte a llevar tu Cruz.

– Ama la Santa Voluntad de Mi Padre Dios para tu vida y así serás Mi cirineo.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿solamente el cirineo?

– ¡Solamente el cirineo que lleva un pedacito de Mi Cruz, porque Yo Me encargo de llevarla toda!

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿te seguía mucha gente?

– Me siguió una gran multitud del pueblo y de mujeres, que lloraban y se lamentaban por Mí (Cf. Lc 23, 27)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿les dijiste alguna cosa a las mujeres?

– Les dije que no se preocuparan por Mí sino por ellas y sus hijos, y les anuncié grandes castigos por Mi muerte (Cf. Lc 23, 29)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿qué les dijiste?

– Que iban a sufrir tanto sus hijos, que hasta iban a envidiar a las que no tuviesen hijos (Cf. Lc 23, 29)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, eso sigue pasando ahora.

-¿Qué?

– Jesús Hijo de Dios vivo, las madres que no educan a sus hijos envidian a las que no tuvieron hijos, por lo mucho que sus hijos las hacen sufrir.

– Los padres que no educan a sus hijos crían cuervos y les sacarán hasta los ojos.

– Jesús Hijo de Dios vivo, si el inocente sufre tanto, ¿cómo será los que somos pecadores?

– Hijo, si con el justo hacen esto, ¿cómo será el castigo contigo, que sí eres culpable? (Cf. Lc 23, 30)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, te pido perdón.

– Hijo, vienen tantos castigos sobre el mundo que la gente preferirá que los sepulte un monte (Cf. Lc 23, 30)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, me llama la atención, que, en medio de tantos dolores, les digas a las mujeres que Tú no estás preocupado por Ti sino por ellas.

– Hijo, cuando sufras no te preocupes por ti, sino por los que te causan sufrimiento.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿te condenaron a Ti solo?

– Llevaban también conmigo a dos malhechores para matarlos (Cf. Lc 23, 32)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿te toco morir con ellos?

– A Mí Me colocaron en el Centro y un ladrón a cada lado (Cf. Lc 23, 23)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿tuviste algún diálogo con ellos?

– Uno de los ladrones me decía insultos (Cf. Lc 23, 29)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, y el otro ladrón, ¿qué?

– El otro ladrón le hizo corrección fraterna al que Me insultaba (Cf. Lc 23, 40)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ese ladrón aun muriendo sabe sacar fuerzas para corregir a su hermano del error.

-Vive la corrección fraterna hasta el último momento de tu muerte, porque tan malvado es el que yerra como el que deja de corregir.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, y el buen ladrón al corregir al que yerra te defendió a Ti.

– Todo el que corrige a su hermano equivocado, Me defiende a Mí directamente.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, el buen ladrón, le dijo al otro: – ¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplico temes a Dios? (Cf. Lc 23, 40)

– Jesús, el buen ladrón reconoció su pecado y dijo: -Nosotros estamos aquí justamente (Cf. Lc 23, 40)

– Jesús Hijo de Dios, este hombre se arrepintió oportunamente.

– Y aceptó el castigo sin quejarse; dijo: -recibimos lo merecido por lo que hemos hecho (Cf. Lc 23, 41)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ahora aprendo lo que es arrepentirse.

– Arrepentirse es reconocer el pecado y aceptar, sin quejarse, el castigo merecido.

– El buen ladrón Me defendió y dijo: – ¡Este no ha hecho ningún mal! (Cf. Lc 23, 41)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, tu Santo Espíritu puso en el corazón del ladrón arrepentido unas palabras conmovedoras.

– Me dijo: – ¡Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino (Cf. Lc 23, 42)

– Estas palabras conmovieron Mi corazón adolorido y comprobé que Mi sufrimiento ya estaba dando frutos.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¿qué le dijiste al buen ladrón?

– Yo le respondí: -¡Hoy estarás conmigo en el Paraíso! (Cf. Lc 23, 43)

– Jesús, Hijo de Dios vivo, ¡quedó conmovido también con tu respuesta!

– Dimas, el buen ladrón, fue el primer hombre que entro conmigo al Paraíso.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, yo tengo a Dimas como a un gran santo, porque está en el Cielo, y lo canonizaste Tú directamente.

– Pero los hombres de la tierra no se han fijado en el ejemplo maravilloso de los últimos momentos de su vida.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, fue un ladrón y por eso no lo han canonizado oficialmente, ni lo han llevado a los altares.

– ¡Todo pecador es un ladrón!, no sólo Dimas.

– Jesús, Hijo de Dios vivo, tengo a Dimas como el primer mártir de Cristo, pues murió contigo en el martirio de la Cruz.

– Dimas es mártir, testigo Mío, él dio testimonio de que Yo era Rey al decirme que Yo estaría en el Paraíso.

León Martinez
Civitas Orationis
leojmart@gmail.com
www.ciudadoracion.com

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