ENTREVISTA A JESÚS DE NAZARET por Leo J. Mart.

LOS PERROS Y LOS LOBOS

– Jesús, Hijo de Dios, la mujer cananea te gritaba y parecía que Tú no la querías escuchar (Cf. Mt 15, 23)
– Yo escucho siempre desde el primer momento.

– Jesús, Hijo de Dios, pero no le respondías.
– Ella Me decía: -Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí (Cf. Mt 15, 22)

– Jesús, Hijo de Dios, y te decía la mujer que su hija estaba poseída cruelmente por un demonio (Cf. Mt 15, 22)
– Pero Yo no le respondí palabra (Cf. Mt 15, 23)

– Jesús, Hijo de Dios, ¿por qué no respondías a las súplicas de esta mujer?
– Cuando a Mí Me gusta algo, hago que lo griten con más fuerza.

– Jesús, Hijo de Dios, hasta tus discípulos se quejaron ante Ti.
– Me dijeron que la atendiera y que se fuera (Cf. Mt 15, 23)

– Jesús, Hijo de Dios, tus discípulos se molestaron ante sus gritos (Cf. Mt 15, 23)
– Pero sus gritos Me gustaron.

– Jesús, Hijo de Dios, Me parece que humillaste a la mujer (Cf. Mt 15, 25)
– ¿Porque le dije que: -No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel? (Cf. Mt 15, 25)

– Jesús, Hijo de Dios, porque le dijiste que no esta bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros; la llamaste perro (Cf. Mt 15, 26)
– No fue un insulto, era una realidad: todo aquel que está en pecado es un perro, un cerdo rabioso.

– Jesús, Hijo de Dios, la mujer humildemente se postró ante Ti y te pidió ayuda (Cf. Mt 15, 25)
– La mujer arrepentida entendió lo que Yo quería decirle.

– Jesús, Hijo de Dios, entonces ella te respondió: -Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos (Cf. Mt 15, 27)
– Entonces Yo conmovido dije: -¡Mujer que grande es tu fe! (Cf. Mt 28)

– Jesús, Hijo de Dios, y agregaste: -Que sea como tú quieres (Cf. Mt 15, 28)
– Sobra decir que en aquel instante su hija quedó sana (Cf. Mt 15, 28)

– Jesús, Hijo de Dios, pero tuvo que humillarse mucho la mujer.
– Si quieres arrancar algún favor de Dios tienes que humillarte mucho.

– Jesús, Hijo de Dios, incluso tiene que arriesgarse uno a ser llamado perro (Cf. Mt 15, 26)
– Hijo, cada vez que tú has pecado has sido un perro vagabundo.

– Jesús, Hijo de Dios, te pido perdón y me arrepiento.
– Arrepentirte es aceptar ser llamado lo que eres, como hizo la mujer (Cf. Mt 15, 27)

– Jesús, Hijo de Dios, de este encuentro con la mujer sirofenicia, cananea, no me queda claro que Tú afirmes: -No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (y no a los perros de otras partes) (Cf. Mt 15, 24, 26)
– Vine a buscar a las ovejas perdidas que desean ser halladas; vine a buscar a las ovejas que no tienen pastor pero que buscan un pastor; vine a buscar a los que Me buscan; vine a encontrar a los que desean ser encontrados; vine a llevar por el Camino a los que Mi Padre celestial puso en Mi Camino. Vine a buscar a los pecadores que desean apartarse del pecado. Vine a descubrir la verdad a los que en su corazón buscan la Verdad. Vine a dar vida a los que desean tener Vida verdadera; a todos estos llamo: ovejas perdidas de la casa de Israel.

– Jesús, Hijo de Dios ¿y a quienes llamas perros?
– Llamo perros vagabundos a los que después de ver la luz quieren seguir en las tinieblas del error y la mentira; a los que después de haber oído no quieren escuchar, a los que después de haber sido llamados no quieren venir, a los que después de haber puesto los pies en el camino dan pie atrás (estos últimos se vuelven perros rabiosos y serpientes que atacan por detrás). A todos estos los llamo perros, lobos, raza de víboras.

– Jesús, Hijo de Dios, pero parece que te contradices, porque recuerdo que en la casa de Mateo dijiste: -No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Cf. Mc 2,17)
– Y también dije en casa de Mateo a los soberbios fariseos que: -No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos (Cf. Mc 2,17) Vine a llamar a los pecadores que desean ser llamados, vine a curar a los enfermos que desean ser curados; no vine a llamar a los justos porque los justos ya han sido llamados y han aceptado su misión. Por eso no llamé a Juan Bautista, porque él ya estaba cumpliendo el trabajo para el cual había sido escogido.

– Jesús, Hijo de Dios, ahora entiendo.
– ¡Espero que te quede claro!

– Jesús, Hijo de Dios, ¿te molestan mis necias preguntas?
– Se que no lo haces por necedad ni por tratar de confrontarme, sino porque buscas entender bien Mis Palabras. Se que no preguntas como los fariseos, que lo hacían para tratar de cogerme en el error: conozco tu buena fe al preguntarme. ¡No son necias tus preguntas!

– Jesús, Hijo de Dios: ¡gracias!

León Martinez
Civitas Orationis
leojmart@gmail.com
www.ciudadoracion.com

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