ENTREVISTA A JESÚS DE NAZARET por Leo J. Mart

JESÚS SUBE AL MONTE

– Jesús, Hijo de Dios, saliste de la región de Tiro y de Sidón y te fuiste de nuevo junto al mar de Galilea (Cf. Mt 15, 29)
– Las olas del mar están llenas de la inmensidad de Mis Palabras.

– Jesús, Hijo de Dios, subiste al monte y te sentaste allí (Cf. Mt 15, 29)
– Los montes guardan en sus entrañas las confidencias entre Mi Padre y Yo (Cf. Mt 15, 29)

– Jesús, Hijo de Dios, veo que huías de la ciudad para refugiarte en las montañas.
– ¡Mi Padre Dios hizo el campo y el hombre la ciudad!

– Jesús, Hijo de Dios, ¿no es cierto que es asfixiante el aire de la ciudad?
– En el campo hay armonía, gozo y paz.

– Jesús, Hijo de Dios, cuando veo los rostros de los hombres veo en ellos las huellas del pecado y me hacen sentir su angustia; cuando veo la cara de un animal encuentro paz.
– En los animales no hay pecado y en todo lo que hacen por instinto le dan gloria a Mi Padre celestial.

– Jesús, Hijo de Dios, me produce fastidio el perfume que usan las personas, porque está entremezclado de mal olor; pero en cambio el perfume de las flores esparce suave aroma.
– Todo pecado deja huellas en la cara y en el cuerpo el mal olor.

– Jesús, Hijo de Dios, por eso se dice del hombre justo que: -Murió en olor de santidad.
– La santidad esparce su suave aroma que llega hasta el Trono de Mi Padre Dios.

– Jesús, Hijo de Dios, ¡cómo será el olor que se respira en el cielo!
– En el cielo se respira aroma celestial y se escucha música del coro de los ángeles.

– Jesús, Hijo de Dios, si un niño que no tiene pecado personal huele tan bien, ¿cómo serán los ángeles que no tienen pecado personal ni original?
– Ni ojo vio ni oído oyó, ni olfato alguno olió las cosas que Mi Padre Dios tiene preparadas a sus hijos fieles.

– Jesús, Hijo de Dios, pero cuando estabas en el monte acudió a Ti mucha gente (Cf. Mt 15, 29)
– Hijo, si tú quieres atraer gente hacia Mí, sube al monte y haz oración. Allí te buscará la gente que Me busca a Mí.

– Jesús, Hijo de Dios, y te trajeron cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos (Cf. Mt 15, 30)
– Los pusieron a Mis pies y Yo los curé (Cf. Mt 15, 30)

– Jesús, Hijo de Dios, se maravillaba la multitud escuchando hablar a los mudos y viendo restablecerse los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos (Cf. Mt 15, 31)
– Y todos ellos glorificaban al Dios de Israel (Cf. Mt 15, 31) Para eso hice milagros para que los hombres le den gloria a Mi Padre Dios.

JESÚS CURA Y DA DE COMER

– Jesús, Hijo de Dios, estando en el monte y al verte rodeado de tanta gente que te había buscado para que sanaras… (Cf. Mt 15, 32)
– No solamente la sané sino que Me preocupé de darle de comer (Cf. Mt 15, 32)

– Jesús, Hijo de Dios, pero en lugar de darle Tú directamente de comer, llamaste a tus discípulos (Cf. Mt 15, 32)
– Dios se vale de los hombres para atraer a los hombres hacia sí.

– Jesús, Hijo de Dios, ¿es bueno acudir a la intercesión de los santos y los ángeles?
– Dios se vale de los hombres, de los santos y los ángeles para dar a los hombres sus favores. Por eso cuando Yo quería dar de comer a la gente siempre Me valí de Mis discípulos (Cf. Mt 15, 32)

– Jesús, Hijo de Dios, dijiste a tus discípulos estas palabras: -Me da pena de la muchedumbre, porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer (Cf. Mt 15, 32)
– Y no quería despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino (Cf. Mt 15, 32)

– Jesús, Hijo de Dios, tengo aquí muchas preguntas.
– Pregunta, hijo, que Yo Me encargaré de responder.

– Jesús, Hijo de Dios, ¿de quién te da pena que no tengan nada qué comer?
– ¡De la muchedumbre que lleva tres días conmigo y no tiene qué comer! (Cf. Mt 15, 32)

– Jesús, Hijo de Dios, ¡te da pena de los que están contigo!
– ¡Me da pena de los que están conmigo! (Cf. Mt 15, 32)

– Jesús, Hijo de Dios, ¿y que pasa con la inmensa muchedumbre que no está contigo y que no tiene qué comer?
– Me da pena la inmensa muchedumbre, que por no estar conmigo, no tiene qué comer.

– Jesús, Hijo de Dios, ¿a qué se debe la pobreza material?
– La pobreza material se debe a la pobreza espiritual, a no contar con Mi Padre celestial que les puede dar en abundancia, el pan de cada día.

– Jesús, Hijo de Dios, se extrañaron tus discípulos cuando les expresarte tu preocupación por la gente que no tiene qué comer (Cf. Mt 15, 33)
– Los hombres se olvidan fácilmente del poder de Dios, y Yo te digo a ti, para que lo tengas muy presente en las dificultades: ¡No se ha hecho más corta la mano del Señor, tu Dios!

– Jesús, Hijo de Dios, tus discípulos reprocharon tu audacia y te dijeron: -¿de dónde vamos a sacar en un desierto suficientes panes para alimentar a tanta gente? (Cf. Mt 15, 33)
– Pero Yo no hice caso a sus necios reclamos y volví a pedirles los panes y los peces que tuvieran, y con ellos sacié el hambre de tan grande multitud (Cf. Mt 15, 36)

– Jesús, Hijo de Dios, Tú con poco haces mucho (Cf. Mt 15, 37)
– Yo con la generosidad de pocos satisfago a muchos, mira: ¡comieron todos y quedaron satisfechos! (Cf. Mt 15, 37)

– Jesús, Hijo de Dios, y después de comer tan inmensa muchedumbre volvió a sobrar comida (Cf. Mt 15, 37)
– Yo multiplico la comida para todo el que Me busca (Cf. Mt 15, 38)

– Jesús, Hijo de Dios, no se puede decir que el que te sigue padezca de hambre.
– El que Me siga a Mi no padecerá hambre porque multiplicaré la comida para él, ni sed, porque sacaré agua de las rocas, ni enfermedad, porque Yo le curaré; ni soportará calor, porque Yo le haré sombra, ni frío porque Yo le daré Mi propio abrigo.

– Jesús, Hijo de Dios, me conmueves, me haces llorar.
– Hijo, si Me sigues y eres fiel, te daré todo, y si Me pides, te daré las naciones por herencia (Cf. Sal II, 8)

– Jesús, Hijo de Dios, gracias.
– Recuerda, hijo, Mi promesa para todo aquel que sea fiel: ¡El ciento por uno en esta tierra y en la otra la vida eterna! (Cf. Mc 10, 30)

– Jesús, Hijo de Dios, otra cosa que quiero destacar es que la muchedumbre no tenía qué comer; pero tus discípulos sí
– Ellos habían comido bien durante estos tres días en el desierto, y aún después de haberse hartado les habían sobrado todavía algunos panes y algunos pececillos (Cf. Mt 15, 34)

– Jesús, Hijo de Dios, con lo cual se comprueba que los que ya te venían siguiendo, no padecieron hambre ni en los momentos más difíciles.
– Hijo, te pregunto: ¿Cuántos años hace que Me sigues?

– Jesús, Hijo de Dios, ya van siendo más que los de Moisés por el desierto.
– Hijo, te pregunto: ¿te ha faltado algo en estos años que vienes tras de Mí?

– Jesús, Hijo de Dios: ¡nada!, te digo agradecido: ¡Señor, no pedía tanto!
– ¿Por qué la gente teme seguir a Jesús?

– Jesús, Hijo de Dios, porque la gente cree que seguirte a Ti es para soportar dolor y sufrimiento.
– ¡Eso es por causa del maligno enemigo! Satanás infunde en las personas el temor de seguir a Dios y quita el temor para ofenderlo.

– Jesús, Hijo de Dios, y les quita el temor por el pecado y las penas del infierno.
– ¡La gente, hijo, está engañada!

– Jesús, Hijo de Dios, la gente tiene mala imagen para seguirte a Ti.
– Satanás crea mala imagen para seguir a Cristo.

– Jesús, Hijo de David, el enemigo crea mala imagen en todo lo de Dios.
– Y así engaña a los tontos, a los cobardes y a los ingenuos.

León Martinez
Civitas Orationis
leojmart@gmail.com
www.ciudadoracion.com

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