Virtudes

La vida es una guerra que solo se gana con "lanza" de virtudes.
¿Sabes por qué el rico es rico?
Porque tiene la virtud de la fortaleza
-Lo dice la escritura-

Sabes por qué el rey David triunfó en todas sus guerras?
Porque tenía muchas virtudes entre ellas la virtud de la prudencia.

Las virtudes son útiles para vivir, para superarte, para progresar y hasta para salvar el alma.

¿Sabes como se salva el alma?
"Con la virtud de la paciencia salvareis vuestras almas" dijo Jesús

Lee, practica y triunfa

 

Definición de virtud:
Hábito operativo bueno. Se dice que la virtud es un hábito, un vestido, porque no hace parte de nuestro ser, pero debemos ponérnoslo permanentemente para poder actuar de una forma distinta a la naturaleza de nuestro propio ser.

Importancia de las virtudes:

Como el buzo para poder sumergirse en las profundidades del mar tiene que ponerse la escafandra y el astronauta tiene que ponerse un vestido especial, así nosotros para poder sumergirnos en las profundidades de la vida o elevar nuestro espíritu a los cielos, tenemos que ponernos el vestido permanente de las virtudes.

El alma para entrar al Cielo y poder resistir la luz de Dios sin desintegrarse, también tiene que recibir de Dios un vestido especial llamado: Lumen Gloriae, la luz de la gloria. Nadie sin el vestido adecuado puede entrar al Banquete de las Bodas, como nos lo enseñó Jesús en el Evangelio.

En Civitas acudimos a la gracia de Dios y a nuestra lucha personal por adquirir virtudes, para alcanzar los hábitos permanentes y adecuados que nos lleven a merecer el Lumen Gloriae.

Cuando la virtud es estable llega a convertirse como en un componente permanente de nuestro ser. Pero siempre se requiere esfuerzo para ponernos un vestido. Se requiere esfuerzo, a veces heroico, para revestirnos de los hábitos buenos que constituyen las virtudes.

Lo natural de nuestro ser, de nuestra naturaleza caída por el pecado original, es la torpeza, la ignorancia, la rebeldía, la pereza, la soberbia, el desorden, la debilidad, el miedo, y todos los vicios y defectos. Por eso es necesario que nos vistamos de virtudes para poder suplir estas deficiencias y carencias.

Lo natural de un monte sin cultivar es el rastrojo y lo natural de una personalidad sin cultivar son los defectos.

Quemar el rastrojo, sembrar buena semilla, cuidar diariamente lo sembrado y producir frutos abundantes para la vida eterna: ¡esa es nuestra tarea! ¡Que no nos pase lo de la higuera estéril!

Que fue secada por Jesús por no haberse encontrado fruto en ella.

Las virtudes llevan a la perfección de la naturaleza humana caída por el pecado original.

Inicialmente el primer hombre poseía todas las virtudes porque Dios lo hizo bueno; pero el hombre por el pecado original, perdió la gracia santificante y las virtudes; el hombre perdió la fuerza para hacer el bien.

Jesús dijo en el Evangelio: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.” Esa perfección se logra con la ayuda de Dios por medio de la gracia santificante que nos viene por los sacramentos, y por la lucha por adquirir virtudes, estos son los dos grandes pilares de nuestra santidad, de la espiritualidad propia de Civitas.

¿Cómo se adquieren las virtudes humanas?

Dice un poeta: “Ten presente en la victoria, Que nadie sin ardor ni ardua fatiga Supo jamás escalar los peldaños de la gloria.” Luego se necesita: ardor-fatiga-lucha- esfuerzo, para ganarnos el Reino de los Cielos.

Con esfuerzo, con lucha constante y permanente, haciéndonos violencia a nosotros mismos a cada instante, para poder levantar la naturaleza caída y para poder domar la rebeldía con la cual nacemos, y acudiendo a la gracia de Dios. Por eso dijo Jesús: “El reino de los cielos es de los que se hacen violencia a sí mismos” -dice el Evangelio-. Luego el Reino de los Cielos es de los que supieron adquirir virtudes.

“Al vencedor se le dará la corona de la vida” -dice el Apocalipsis-, ¿a cuál vencedor? Al que ha vencido sobre sí mismo, adquiriendo las virtudes que no tenía.

Importancia de las virtudes en nuestra espiritualidad:

En nuestra espiritualidad reviste importancia capital, la lucha por adquirir virtudes, porque las virtudes son la base de nuestra santidad.

La santidad se podría resumir en una sola palabra: ¡lucha!. ¡Lucha por adquirir virtudes!, ¡lucha por dejarnos amar de Dios!, ¡lucha por quitar todos los obstáculos que nos impiden escuchar con nitidez la Voz de Dios!

La espiritualidad laical, civil que es la nuestra, se basa en el desarrollo de las virtudes y no en el ejercicio de acumular devociones, ni rezos.

Nosotros cultivamos simultáneamente todas las virtudes, más el estudio de la doctrina y el ejercicio de la vida de piedad. Pero virtudes sin doctrina y sin piedad hacen al hombre un soberbio; doctrina sin virtudes hacen al hombre un teórico vacío; piedad sin virtudes es la beatería, que es la caricatura del santo.

Los obstáculos de la vida son peldaños para escalar en la virtud hasta llegar al cielo.

El lema de la fuerza aérea canadiense es “Per aspera ad astra”, por el camino difícil se llega hasta las estrellas. Por el camino difícil, áspero, se llega a la virtud.

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