LA VIRGEN MADRE /San Bernando de Claraval

Te cuento que he terminado la lectura del libro La Virgen Madre, de San Bernardo, el libro de verdad ha enriquecido mi experiencia de Dios y en especial de nuestra Santísima Virgen María, San Bernardo explica en sus sermones de manera hermosa, amable y completamente desglosada cada uno de los apartes de gran relevancia que los evangelistas nos relatan sobre la madre de Dios, es un libro maravilloso, de gran valía doctrinal y del cual te hago un pequeño resumen de las notas que tome.

Dios te bendiga
Adriana Upegui

LUCES DE MEDITACIÓN:

Hermosa es la mezcla entre la virginidad y la humildad, y no poco agrada a Dios aquella alma en quién la humildad engrandece a la virginidad y la virginidad adorna a la humildad. Mas, de cuanta veneración, te parece, que será digna aquella cuya humildad engrandece la fecundidad y cuyo parto consagra la virginidad?. Oyes hablar de una virgen, oyes hablar de una humildad, si no puedes imitar la virginidad de la humilde, imita la humildad de la virgen.

Loable virtud es la virginidad, pero mas necesaria es la humildad: aquella se nos aconseja, esta nos la manda, te convidan a aquella a esta te obligan. De aquella se dice: El que la puede guardar, guárdela; de esta se dice, el que no se hace como este párvulo, no entrara en el reino de los cielos. De modo que aquella se premia como sacrificio voluntario, esta se exige como servicio obligatorio. En fin, puedes salvarte sin la virginidad, pero no sin la humildad.

Puede agradar la humildad que llora la virginidad perdida, mas sin humildad (me atrevo a decirlo) ni aun la virginidad de Maria hubiera agradado a Dios, sobre quien descansara mi espíritu, dice el Señor, sino sobre el humilde y manso?, sobre el humilde, dice, no sobre el que es virgen. Con que si María no fuera humilde, no reposara sobre ella el Espíritu Santo, y si no reposara sobre ella, no concibiera por virtud de Él.

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, o la avaricia o el deleite carnal impele violentamente la nubecilla de tu alma, mira a María. Si turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, llama a María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en Maria, llama a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón, y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminaras si la sigues, no desesperaras si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás, si te protege nada tendrás que temer, no te fatigaras si es tu guía, llegaras felizmente al puerto, si ella te ampara, y así en ti mismo experimentaras con cuanta razón se dijo: Y el nombre de la virgen era María.

La verdadera confianza del hombre consiste en no presumir de si mismo y en no apoyarse sino en Dios . Esta, repito, es la confianza verdadera, a la cual no se niega la misericordia, testificando el profeta que Dios tiene placer en los que le temen y en los que esperan en su misericordia.

Civitas Orationis
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