SI, DIOS TE NECESITA por Antonio Pérez Villahoz

(Luces de Meditación) 
Andrea Buitrago

Te cuento que terminé de leer el libro: “Sí, Dios te necesita”, del autor: Antonio Pérez Villahoz, es un libro que se enfoca en hacernos ver la importancia y lo maravilloso de hacer apostolado y nos anima a no detenernos en este privilegio que Dios nos ha confiado, te comparto un capítulo que me gustó mucho porque habla sobre hacer apostolado con el ejemplo:

NADIE DA LO QUE NO TIENE

Porque nadie da lo que no tiene. Nadie puede pretender acercar a otros a Dios si él vive alejado de Dios. Y esto, que es muy obvio, lo tendemos a olvidar con demasiada frecuencia.

Y si no, pregúntate:

¿Soy de los que suelta el tronco fácil, la frasecita con sabor a recomendación cristiana, las invitaciones a asistir a cosas cuando en realidad no hago ni la mitad de lo que enseño?,

¿Soy de los que da consejos cuando luego no se aplica ni uno a sí mismo?,

¿Voy de listillo teórico pero luego mi vida dice lo contrario de aquello que predico?

Y eso, no lo dudes, hace todavía más daño que el mero pasar de Dios. No hay nada que eche más para atrás que oírle a alguien decir lo que hay que hacer cuando todos saben que él mismo no hace nada de lo que dice.

Si cuando hablas de Dios no llevas puesta la mochila de tu buen ejemplo, de tu coherencia, de tu empeño de ir por delante, entonces estás abocado al más absoluto de los fracasos y al más absoluto de los ridículos. Por eso, lo primero que hemos de hacer tú y yo, si de veras deseamos llevar a otros a Dios, es llenarnos de Dios. Tener vida interior. Luchar por adquirir un trato con Cristo que sea real, visible, que sea auténtico. No podemos ser unos chapas que hablan de grandes verdades en las que en realidad no creen y que predican sobre comportamientos que ni siquiera se esfuerzan por lograr.

Un cristiano normal, que desea convertir su trato con Cristo en una amistad verdadera, no se cree jamás mejor que nadie… ni peor que nadie. Ese cristiano sabe que es un pecador que desea enamorarse de su Dios, una mujer o un hombre lleno de defectos pero con deseos sinceros de darse a los demás, de servir, de comprender, de querer gratuitamente sin esperar nada a cambio. Por eso, habla de ese Dios del que se va enamorando cada día, de ese Cristo que le va robando poco a poco el corazón. Y habla de lo que lleva dentro, de lo que a él o a ella le va llenando en su interior. Y ese modo de hablar sincero, real, palpable… se nota en su mirada, en sus gestos, en el convencimiento de su voz, en el tono de lo que dice y de por qué lo dice.

En los poros de su alma se trasluce un deseo sincero de ayudar y de querer al otro. No va dando lecciones a nadie. Habla de aquello que a él o a ella le va cogiendo el corazón… Y como va metiendo a Dios en su vida, lo va dando a aquellos con los que se encuentra. Ese cristiano sí da de lo que tiene. Porque poco más es el apostolado… ¡y no es poco!

Enseñar a otros con el ejemplo de tu vida que vivir cerca de Dios no solo es posible sino que es maravilloso.

Hacer comprender a muchos que vivir la vida fuera de los parámetros de Dios, es vivir una vida que no es vida, es dejar pasar los días sin pena ni gloria, es un mero respirar y andar de aquí para allá perdiéndose justamente aquello que hace a la persona verdaderamente feliz.

Me lo explicó bien claro un joven universitario: “Yo siempre pensé que ser cristiano era propio de personas deformes en su inteligencia y secos en su corazón…, hasta que conocí a un amigo de la Universidad. Vi con mis ojos que vivía lo que decía, que era inmensamente feliz, que tenía algo que yo no había visto hasta entonces… y ese algo era que estaba cerca de Dios pero de verdad, sin necesidad de llevar hábito ni sotana ni distintivos de ningún tipo. Era alguien aparentemente normal que para mí llegó a ser extraordinario. Ese amigo me devolvió la fe que yo había perdido, la esperanza en un Dios del que yo había renegado demasiadas veces, y me regaló un tesoro que yo jamás seré capaz de devolverle: el tesoro de saber cómo enamorarme de Cristo. Ahora sé muy bien que fue Dios quien me cambió y quien me ayudó, pero me parece imposible creer que Dios lo hubiera logrado si no llega a ponerme delante a ese amigo que conocí en la Universidad. Ahí entendí el bien inmenso que puede hacer una persona que sabe transmitir alegría y esperanza porque vive lo que dice y pone en práctica aquello de lo que pretende convencerte”.

El consejo me sale sin pensarlo: ¡Llénate de Dios para llevar a otros a Dios! ¡Seamos tú y yo personas coherentes, que luchan por vivir de verdad su vida cristiana… aunque seamos poca cosa y pecadores! Lo que avalarán nuestras palabras no serán nuestros actos heroicos que tal vez nunca lleguen… será ese luchar un día y otro por estar cerca de Dios, ese pelear en tantas cosas… unas veces venciendo y otras cayendo derrotados, pero siempre con el deseo de recomenzar, de volver a Dios cada vez que nos alejemos de Él. Eso hará que nuestro apostolado sea auténtico, real, de alguien que muestra lo que lleva dentro… muy dentro. Así es como le dejaremos a Dios que sea Él quien cambie a aquellos con los que nos encontramos a diario.

@CivitasOrationis
La ciudad para aprender a escuchar la voz de Dios 
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